martes, 17 de noviembre de 2009



Ella era lo que a él le faltaba. Él era lo que ella no tenía.

Él no está dispuesto a pagar lo necesario para pertenecer, dice que no vale la pena. Ella cree que "se aguantan mucho mejor las contrariedades grandes que las pequeñas nimiedades de cada día".
Las reglas de disciplina están mal cuando limitan nuestra libertad individual. Él cree que todo se encuentra en el mapa, que sabrá llegar a donde quiera con tan solo tener la voluntad suficiente. Ella se pregunta todos los días cuándo comenzará el resto de su vida, cuándo la voluntad vencerá a las contrariedades. Lo que ellos no saben es que frente a sus manos están las herramientas y que las oportunidades pasan frente a ellos con gritos ahogados.
A él le dice su familia que no se preocupe, que todo irá bien. La verdad es que quisiera que alguien pusiera una tachuela indicando un destino en el mapa. A ella le dicen que siempre y cuando haga bien lo que sea que haga, no tendrá problema alguno, esto no la reconforta lo suficiente.

Hace varios años todo era diferente. Ahora esto es demasiado para ella. Esta justo a la mitad de la alegría inmensurable y de la agonía sin fondo. Rodeada de todo el mágico esplendor de la abundancia pero embarrada de petróleo. Los ruidos a su alrededor no moldean su estado de ánimo. La sangre que ha sido palpitada marca su paso, sus pulsaciones se sienten en su pecho y en las palmas de sus manos.

"Hay cosas que deben haceros perder la razón, o entonces es que no tenéis ninguna razón que perder."
Está ahí, a media calle con él, adentro del coche. Ventanas cerradas. Está ahí viendo al frente y no pierde más tiempo. Voltea y le grita todo, todo. Le grita que la escuche, que ahí está y que voltee a verla. Alza la voz y le pregunta porqué le tiene tanto rencor guardado, le dice que quiere estar bien, que quiere que todo esté bien, que por favor ya no la ignore, que sepa que lo necesita, que está harta de esconderle cosas y no contar con su apoyo. Le grita eso y más.
La luz se pone en verde.
¿Gritó? ¿Habló? Al parecer no. Sigue sentada en el mismo lugar, no se ha movido. Nunca va a pasar. Con él es difícil, se digna a verla con ojos desafiantes. Él no entiende y ella no quiere comprender. A ella ya no le incumbe. Él pregunta si hay café en casa.
–Sí.

Ellos no son lo mismo, para ella o él, entre ellos. Antes creían que eran tal para cual pero ya no, ahora se hacen sufrir más de lo que se hacen reír. Las reglas de disciplina no comprenden lo que significa libertad y la verdad es que tampoco quedan muchas cosas individuales en este planeta. Las acciones reverberan ya a niveles mundiales; uno ya no puede ser masoquista sin herir a un desconocido. Ellos no se han dado por vencidos, todavía no. Tal vez les gustan las reglas de disciplina.

2 comentarios:

César dijo...

Prefiero guiarme por ésta: no tengo ninguna razón qué perder.

Anónimo dijo...

Vos creía que él era lo que le faltaba. Él era lo que, vos quería. Vos esta justo a la mitad, ignorada, desesperada, trata de llamar la atención y no comprende que es la libertad y la verdad…. Che, esto es un furor de vos ¡SUPÉRALO! AvA