jueves, 12 de noviembre de 2009

"Bajando el volcán"

Son las primeras horas de la mañana de un día jueves, 8 de septiembre. Ahí yace su cuerpo en un estado no atractivo a la vista de cualquier vanidoso. Cuerpo femenino cubierto de trapos.

Está en el mejor de los espacios para aquélla, su casa, en donde parece que nunca antes se había olido el humo sexual que ella transpira. Hasta hoy, posante y sin penas en su cama, sola.

Sin rastros de cansancio, están nítidos sus ojos pero no quiere abrirlos y disfruta sosegada. Despierta después de haber repuesto un gran desvelo.

Su mente está volviendo a la realidad recordando el día mágico que tuvo, el de ayer, pensando en aquel disparate a su aprendizaje, deseando el viaje profundo y solitario como lo es en este momento su trato con la almohada. Desesperantes sus acciones de deseo, siente fuego.

Acostada en sus ligeras sábanas quita las ropas de sus piernas, de sus senos, palpándose suavemente y permaneciendo en silencio se nota digna de no tocar los espacios húmedos, pero después de llevar los dedos a sus labios, estos terminan en la parte baja de su vientre y abren sus poros con imaginación, gime riquísimo hacia ella misma.

Es la parte de no pensar más que en el sudor, en la dependencia entre el placer y sus movimientos.

Una blusa arrancada y votada al suelo, el pantalón del pijama sin su forma, tirado en las rodillas. Ambas manos apuradas.

Quiere abrir los ojos para que, el hecho de verse, dé resultado. Mientras está todo en silencio, su mente ya siente venir esos estímulos fuertes y anhelados. Ahora es la parte intermedia, la dormidera está empezando, todo el cuerpo se levanta con mucha fuerza y los alaridos resuenan en las paredes.

El concepto de imaginación es aplicado con un rostro conocido. Quiere gritarle que no deje de tirar de sus piernas hacia él. Que las bese como cuerdas calientes. Empujándose a la misma vez. Está ahora ausente de la realidad, disfrutando. Lo siente cerca de ella, hirviendo y sentado de frente tocándose, abrazándola y hasta se entrega amándola. ¡Qué le dé más! Ella pide.

¡Aquí la explosión total! La pérdida de pupilas. La magia pura toma forma de fluidos.

El ensueño perfecto, la cama como la parte inferior de un volcán. Se acomoda sin desconcentrarse para permanecer inclinada. Buscando cada vez más la infinita delicia.

Y hasta que dos lágrimas salen de sus ojos cerrados despide una leve queja que nace de su garganta, y cae en la almohada sintiendo el sudor del cuello todo caliente y vivo.

Ha pasado lo mejor, ha quedado la imagen en la mente de él, inspirador de muchas fuentes de deseo.

Ha llegado el tiempo para pensar en los dedos agotados que se esforzaron sin parar. Ofreciéndolo todo.

Ha llegado el descanso, la paz que da el sentimiento de bienestar.

Y vuelve a dormir los cinco minutos… ya fue, ya comienza a recordar lo real y los deberes interrumpidos.

Escrito por Nanzy Emm, para La Petite Mort.