Danza-Luciernagas, Pintura de Gonzalo Rey.
Escoger entre la esquizofrenia de la soledad o la paranoia de la sociedad no es algo sencillo, si a caso nos dieran la opción de escoger. Creo que yo me iría por la primera, imagina, sólo imagina cómo sería todo...
Saber que cualquier movimiento en falso requiere de toda una meditación. Sentir los colores, saborear la luz o ver el sonido. Rodearse de la plaga del oxígeno. Moverse entre las olas del tiempo. Escuchar las imágenes de este planeta. Recordar que vernos es sólo gracias al reflejo de la sonrisa del sol. Tirar la llave que nos encierra en esta nube de sopor. Derramar nuestras manos hacia lo alto. Gritarle al ritmo que pare. Dejar de respirar. Acercarnos al precipicio. Tener escalofríos. Detenerse en lo alto. Estancarse en los recuerdos. Moverse al revés. Continuar cayendo. Surfear hasta el fondo. Aturdirse con el aire. Entender que todo esto es latir, es desenvolverse y volver. Sólo hay que seguir en contracorriente y acordar con el interior un punto definitivo. Asombrarnos del exterior es necesario. ¿Cambiarías un atardecer más por un respiro menos? ¿Notarías la diferencia entre el dolor y la emoción? Todo es tan duro que se enfría, aunque todavía no has caminado a la cueva que ves en sueños. El costo de estar no se compara con la dificultad de ser. No sería lo que pretendo ser, no soy lo que soy...
Creo que esa sería mi opción y mi decisión, ¿te gusta? No tiene por que agradarte, sólo quería que lo supieras, por si algún día vienes a buscarme y no me encuentras, por si un día me ves y no te reconozco. No te preocupes, hoy no es ese día, todavía recuerdo tu rostro si cierro los ojos, el asunto se tornará interesante cuando no pueda reconocer el mío aunque... hace ya varios días experimenté algo parecido. Ya era hora de dormir pero sabes que eso no se me da. Recuerdo que cerré los ojos y sentía que una luz me acariciaba en la oscuridad. Bajo la penumbra de la sábana veía mi piel y por primera vez la exploraba con una vista cansada que sólo esperaba el amanecer. Quería dejar de verme pero no alcanzaba a ver nada más. Abría y volvía a cerrar los ojos para ubicar el pasado en el futuro, para jugar con mis memorias y confundir la verdad con la mentira.
De repente comencé a escuchar música de fondo, como esas veces en que te pregunto si no alcanzas a escucharla. Sabía que por más que sintiera el ritmo surcar el aire sólo se encontraba en mi cabeza, por más que saliera corriendo a buscar de dónde venía, como lo he hecho mil veces ya, jamás iba a encontrar su origen. Creo que así es la cabeza de cada quien, por más que buscamos la entrada jamás la encontramos.
Abrí los ojos y bajo la misma tenue luz vi mis cicatrices de tiempos pasados, las cuales veré incontables veces más, sin duda. Luego creí oír una voz, como esas canciones que me acechan sin estar, pero ésta a veces hablaba y otras sólo susurraba. No sé si existía por alguna razón, buena o mala, pero no me tranquilizaba, de hecho me perturbaba. Por un momento pretendí no escucharla y me dejó en paz, pero después acrecentó su volumen, como un pequeño demonio, como el que persigue a Edipo por el camino después de enterrarse broches en los ojos. Le pedía por favor que se callara y que me dejara en paz, luego me tiré sobre la almohada para que se atontaran mis oídos y no supieran dónde había quedado arriba o abajo y así me quedé un momento.
En la ya casi desvanecida oscuridad comencé a sentir el silencio y no supe de luces ni demonios, fue en ese momento que me debilité, cuando ya no tuve que luchar contra nada. El problema comenzó cuando deseé escuchar su voz, de repente las letras se encimaron y las palabras no se dejaban escuchar las unas a las otras unas. Entre consonantes y una que otra vocal deseé que provinieran de su garganta, sólo para saber que la tierra seguía girando de oeste a este. Sabía que era un error, que me estaba haciendo daño y que me estaba anclando a una piedra que iba directo al fondo del mal. Sabía todo esto pero la mente es poderosa, estúpidamente creía que su voz era como aire que me mantendría a flote. Afortunadamente la música se abrió camino a tumbos y opacó voces conocidas, desconocidas y todos aquellos sonidos que pudieran introducirme en el infinito aletargamiento nocturno. ¿Verdad que tiene una voz preciosa? Como la de las sirenas que atraen a los navegantes para que sucumban a su placer.
El amanecer ya venía en camino. Deseé dormir sintiendo calma, deseé sentirme normal. Esperaba poder despertar pronto para saber que la luz, aunque insoportable, iba a alejar la necesidad de llenar horas y horas de voces, palabras, sonidos y música. No sabía si iba a soñar con su voz o su imagen y sinceramente no sabía si lo quería, tal vez lo único que quería era no despertar más y mi única condena era tener los ojos abiertos, tal vez no los he abierto aún, tal vez nunca me fui a acostar. ¿No te digo? Todo esto en un simple momento de esquizofrenia momentánea en la soledad de la noche.
En cuanto a la tentación de aquella voz, esa que en momentos de debilidad sigue acechándome... Aún ahora somos razones tan irreales, somos tangibles sin razonar, somos reales sin razón. Fuimos algo que todavía no debía de suceder; es más, es como si todavía no sucediera, como cuando las melodías dejan el allegro para convertirse en adagio, aunque sabes que volverá todo a su velocidad normal justo al final. Ya no... Es asombroso cómo todo cambia tan rápidamente, como el sentimiento más sincero muta completamente.
Nunca me consideré de palabras inteligentes o preguntas interesantes, sólo pensamientos que en general son más buenos que malos, pero la verdad es que aún así son muchos malos. Casi nunca son historias, sólo divagaciones. Pero bueno, esto ha sido esquizofrenia y paranoia en una sola dosis y esto no es por lo que venías ¿verdad? Sigo hablando de las razones perdidas en mi cabeza y no te doy lo que viniste a buscar...
Por cierto, ¿qué era?
Escrito por Alejandra Abogado, para La Petite Mort.
Saber que cualquier movimiento en falso requiere de toda una meditación. Sentir los colores, saborear la luz o ver el sonido. Rodearse de la plaga del oxígeno. Moverse entre las olas del tiempo. Escuchar las imágenes de este planeta. Recordar que vernos es sólo gracias al reflejo de la sonrisa del sol. Tirar la llave que nos encierra en esta nube de sopor. Derramar nuestras manos hacia lo alto. Gritarle al ritmo que pare. Dejar de respirar. Acercarnos al precipicio. Tener escalofríos. Detenerse en lo alto. Estancarse en los recuerdos. Moverse al revés. Continuar cayendo. Surfear hasta el fondo. Aturdirse con el aire. Entender que todo esto es latir, es desenvolverse y volver. Sólo hay que seguir en contracorriente y acordar con el interior un punto definitivo. Asombrarnos del exterior es necesario. ¿Cambiarías un atardecer más por un respiro menos? ¿Notarías la diferencia entre el dolor y la emoción? Todo es tan duro que se enfría, aunque todavía no has caminado a la cueva que ves en sueños. El costo de estar no se compara con la dificultad de ser. No sería lo que pretendo ser, no soy lo que soy...
Creo que esa sería mi opción y mi decisión, ¿te gusta? No tiene por que agradarte, sólo quería que lo supieras, por si algún día vienes a buscarme y no me encuentras, por si un día me ves y no te reconozco. No te preocupes, hoy no es ese día, todavía recuerdo tu rostro si cierro los ojos, el asunto se tornará interesante cuando no pueda reconocer el mío aunque... hace ya varios días experimenté algo parecido. Ya era hora de dormir pero sabes que eso no se me da. Recuerdo que cerré los ojos y sentía que una luz me acariciaba en la oscuridad. Bajo la penumbra de la sábana veía mi piel y por primera vez la exploraba con una vista cansada que sólo esperaba el amanecer. Quería dejar de verme pero no alcanzaba a ver nada más. Abría y volvía a cerrar los ojos para ubicar el pasado en el futuro, para jugar con mis memorias y confundir la verdad con la mentira.
De repente comencé a escuchar música de fondo, como esas veces en que te pregunto si no alcanzas a escucharla. Sabía que por más que sintiera el ritmo surcar el aire sólo se encontraba en mi cabeza, por más que saliera corriendo a buscar de dónde venía, como lo he hecho mil veces ya, jamás iba a encontrar su origen. Creo que así es la cabeza de cada quien, por más que buscamos la entrada jamás la encontramos.
Abrí los ojos y bajo la misma tenue luz vi mis cicatrices de tiempos pasados, las cuales veré incontables veces más, sin duda. Luego creí oír una voz, como esas canciones que me acechan sin estar, pero ésta a veces hablaba y otras sólo susurraba. No sé si existía por alguna razón, buena o mala, pero no me tranquilizaba, de hecho me perturbaba. Por un momento pretendí no escucharla y me dejó en paz, pero después acrecentó su volumen, como un pequeño demonio, como el que persigue a Edipo por el camino después de enterrarse broches en los ojos. Le pedía por favor que se callara y que me dejara en paz, luego me tiré sobre la almohada para que se atontaran mis oídos y no supieran dónde había quedado arriba o abajo y así me quedé un momento.
En la ya casi desvanecida oscuridad comencé a sentir el silencio y no supe de luces ni demonios, fue en ese momento que me debilité, cuando ya no tuve que luchar contra nada. El problema comenzó cuando deseé escuchar su voz, de repente las letras se encimaron y las palabras no se dejaban escuchar las unas a las otras unas. Entre consonantes y una que otra vocal deseé que provinieran de su garganta, sólo para saber que la tierra seguía girando de oeste a este. Sabía que era un error, que me estaba haciendo daño y que me estaba anclando a una piedra que iba directo al fondo del mal. Sabía todo esto pero la mente es poderosa, estúpidamente creía que su voz era como aire que me mantendría a flote. Afortunadamente la música se abrió camino a tumbos y opacó voces conocidas, desconocidas y todos aquellos sonidos que pudieran introducirme en el infinito aletargamiento nocturno. ¿Verdad que tiene una voz preciosa? Como la de las sirenas que atraen a los navegantes para que sucumban a su placer.
El amanecer ya venía en camino. Deseé dormir sintiendo calma, deseé sentirme normal. Esperaba poder despertar pronto para saber que la luz, aunque insoportable, iba a alejar la necesidad de llenar horas y horas de voces, palabras, sonidos y música. No sabía si iba a soñar con su voz o su imagen y sinceramente no sabía si lo quería, tal vez lo único que quería era no despertar más y mi única condena era tener los ojos abiertos, tal vez no los he abierto aún, tal vez nunca me fui a acostar. ¿No te digo? Todo esto en un simple momento de esquizofrenia momentánea en la soledad de la noche.
En cuanto a la tentación de aquella voz, esa que en momentos de debilidad sigue acechándome... Aún ahora somos razones tan irreales, somos tangibles sin razonar, somos reales sin razón. Fuimos algo que todavía no debía de suceder; es más, es como si todavía no sucediera, como cuando las melodías dejan el allegro para convertirse en adagio, aunque sabes que volverá todo a su velocidad normal justo al final. Ya no... Es asombroso cómo todo cambia tan rápidamente, como el sentimiento más sincero muta completamente.
Nunca me consideré de palabras inteligentes o preguntas interesantes, sólo pensamientos que en general son más buenos que malos, pero la verdad es que aún así son muchos malos. Casi nunca son historias, sólo divagaciones. Pero bueno, esto ha sido esquizofrenia y paranoia en una sola dosis y esto no es por lo que venías ¿verdad? Sigo hablando de las razones perdidas en mi cabeza y no te doy lo que viniste a buscar...
Por cierto, ¿qué era?
Escrito por Alejandra Abogado, para La Petite Mort.

4 comentarios:
merci d'être venu. Obrigado.
Alejandra será un placer leerte, me gusto mucho la forma en que escribes. Gracias por compartir tu talento. Enhorabuena *****
Siempre fue algo que aún no debía suceder, para entonces solo unos días bastaban y se irían detrás de la puerta; en cambio, el intento tomó años que desgastaron... ¿ser alguien más? solo tu, sin descuidos. No hay otra vida; ya no existes al igual que yo.
Ya no existo, ya no existes; sin embargo, todo revive de noche, como los cadáveres danzando en el gran salón.
Publicar un comentario