Abajo, más al fondo, en celo, recostada, existió su escuálida mano sobre la mía, como una tumba abierta de par en par esperando la mirada de Joan sobre nosotros. Cuando ella cayó en cuenta: sus dedos en los míos; echó a reír con la cabeza ligeramente hacía atrás, puesto que en ese mover de cuello viera su sonrisa cristalizarse frente a ella. Y él se estira, se contonea obsceno, hace un trago de cerveza y se dispersa entre los poros minuciosos de la sal sobre la mesa. Nadie dice nada.Seguimos bebiendo en ascuas de una normal y ejemplar reunión de anónimos –por llamarle algo-. En sí los ojos de Joan, tan serenos y llenos de hastío, se clavaron sobre nuestras manos, en ese minuto: separadas. Por lo demás lo ignoro todo. El riesgo de decir algo entumió la conversación, cada cual mirando la prontitud de sus cosas. Salimos del bar sin hablar.
Joan tomó su brazo y caminamos al auto, en un innegable –y por encima de los pasos- silencio. Mientras el viaje se hacía ocasionalmente molesto, aquella mujer de posibilidad sinfónica echaba los ojos al retrovisor y los posaba en mi Kafkiana mirada. Por su parte, la carretera atrapó a Joan, fumaba despacio y sin despegar la vista de la estrada, aligeraba el humo con el airecillo que mecía sus poros. No elevó la aguja del velocímetro, parecía que en su infinita invariación lo roía la calma, escuchándose como increíble.
A la par de enfrentar el lenguaje, me contemplaba la mirada ruborizada de alcohol de aquella, ella que enmudecía su culpa; sonriente e impaciente sin que Joan la observara. No quiso decirnos a dónde nos llevaba, y era cierto: después de todo, no tuvimos cara. Él se mostraba tranquilo, cavilando entre ideas que seguro eran dignas de ameritar silencios. Todo se había venido abajo. Más tarde salimos de la ciudad y la carretera se había ensombrecido por entero. No tuve miedo, yo confiaba en Joan, pero molido en traición me sometí a su intento. Su novia mostró impaciencia y se recargó en su hombro, fortaleciendo su culpa. Él no entendió. Siguió conduciendo hasta elevar la presión de sus venas.
Sin darnos cuenta Joan detuvo el auto, lo condujo sobre la definida hierba hasta atascarse, intentó salir, y al dar por hecho lo imposible apagó las luces, el motor, se metió una caja de cigarros en el saco y salió del automóvil sin decir palabra. Lo vimos caminar despacio sobre la floresta sin voltear, inclusive perdiéndose más allá. Y ella como yo, se quedó muda, tratando de mirar más claro para encontrar a Joan. Con un gesto abrió la puerta y llamó a Joan de gritos. Él, sin reparar, se disipó entre el llano. Pero aún, asumiéndose como estúpido y culposo su frenesí, con las piernas apenas temblorosas, fingió despeñarse. No supimos si Joan volvería, como tampoco supimos ahuyentar el efervescente tejido en el que nos vimos mansos después de gritar tanto. Joan no regresó.
Permanecimos en silencio, esperando su regreso, mirando desde el auto la nublosa y negra pradera en la que nos había metido Joan. No hubo sonidos que nos confundieran, estábamos solos, tan confundidos como avivados. No quise hablar ni bajarme del auto: y comencé a jactarme liliputienses lapsos, sentí que mi amistad con Joan se había fracturado. Su novia me siguió, se quedó en el auto y no dijo palabra, y en el mismo desencanto miraba con insistencia el prado. No había nada, nada que alimentara la vista. Mi cuerpo se había cansado y resistí el abrigo del sueño, era tanta la noche que cada parte de los músculos se vinieron abajo con figuras rupestres y convictas. Alineados, el uno y otro en su mismo bagaje -pero nada más que nos hiciera intuir- nos eternizamos en miradas. La mujer echó las piernas hacía atrás, se sentó a mi lado y con su dedo dibujó letrillas inentendibles en el vidrio del auto hasta rimarlas métricamente en cinco: «bicho». Al verla hacer aquello, llevó mi mano sobre su rostro. La impresión de su natural prohibición fluyó sobre la tez y su piel que reclamaba el roce sobre su discurso de labios y su capacidad para sortear la inocente dilatación de su pecho. Metió la mano por debajo de su falda, cerró los ojos tranquila, respiró profundo robando el aire obligado para llenar su valor y se echó sobre mí, del mismo sosiego en que yo la tomé. Acarició mi cuello y con las piernas abrazó mi torso. Bajo la yema de los dedos torneé su cintura y cada parábola de sus senos, entiendo labrarla como el lodo. En ese brumoso sonido de su respiración había también el sollozo de Joan. El primer momento. No quise pensar bien: ya estábamos fundidos. Mientras, su aliento críptico se adelantaba arrítmico, exhalando como los Dioses, llenos de complejos, evocaba oficios antiguos: labriegos, segadores, ética y estética de un suspiro, aparentemente, absoluto. Asomó la lengua por encima de su labio, húmeda y fértil, en grácil sus párpados se abrieron para mirar mi boca y la buscaba lenta. Ya en la medida del encuentro, rodeó con la punta de su lengua la frondosidad de mis labios, uno a uno, vuelta tras vuelta hasta adornar el sitio de sabores suaves. Se desnudó la espalda y arrojó la falda por arriba de su gusto, la acaricié con parsimonia, recorriendo cada vertebra de su espalda.
«Fuente del vacío y del castaño perdido».
Esa noche y en ese corrido silencio, con la desnuda injuria de los cuerpos, bajo el drama y la rareza de un torno escrupuloso, habiendo trazado el aroma, realizado y manchado sobre el mío, dormimos inanimados. Ya no pensamos en Joan, nos abrazamos despojados y dejamos que los cuerpos, tal como fuesen, se nutrieran de esencias.
«Ahora Joan era occidente de una mujer de zurdo cálculo»…
Al despertar completamente desnudo y reseco, con una polaridad en los ojos y con un olor de descenso, pensé en ella. Un dolor que vino del esternón me cantó como viejo. Pero sobre mi cuerpo yacía otro igual de desnudo, abrazándome como quedamos: era el de Joan que turbiamente despertaba. Al verlo ahí, sobre mí, no pude levantar palabras y atemorizado de verlo, grité:
-¡¿Y ella?!...
-¿Quién ella?
2 comentarios:
MMM ENCANTADOR. HAY UN PARTE DEL TEXTO EN DONDE ME DEJAS MARAVILLADA. Y ES EN DONDE LA MUJER SALTA SOBRE TI. MUCHAS METAFORAS EN LO EROTICO!!!
EL FINAL ES FANTASTICO. PERO ME QUEDO UNA DUDA ¿LA MUJER ERA SOLO UNA ILUSIÒN?. YO CREO QUE SI, Y SI SI ES MUY BUEN FINAL.
Bien, esperaba otro final mas cómodo para ti jiji!
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