Sólo me quedan ocho días de licencia bohemia. No echo de menos la oficina. Echo de menos a Desireé. Hoy fui al cine, solo. Vi una de Andy Warhol. Hasta la mitad me entretuve; a partir de allí, me aburrí de mí mismo, de mi propia paciencia.He visto a personas sentarse pacientes a contemplar su potencial, a beberse la vida sin salir de casa. Tratan de arreglar eso comprando lavadoras monstruosas con más ciclos de secado y ruido, asilar perros vagabundos, gatos, custodiar peces y alimentar pájaros; refutando su aislamiento. Aunque yo viajara, aunque me fuera de aquí, de esta casa a la que permití encerrarme de tiempo completo y tuviera la oportunidad de sorprenderme con paisajes, monumentos, caminos, obras de arte, nada me fascinaría tanto como la Gente, escudriñar sus rostros en insaciada turbulencia, con espléndido apuro, inconscientes de su brevedad, de su vida reservada, sin sentirse jamás acorralados, sin admitir que están acorralados; de mejor forma: no pueden estar. Creo que en ese momento se me afirmó definitivamente una convicción: soy de este sitio, de esta fatigada ciudad.
Durante la licencia, veo la oportunidad de reencontrarme con viejos colegas que en algún tiempo fueron más que remedios; unicampeones de adolescencia y locura. Desempolvar hipótesis, navegar por hexágonos y pisos de esta casa. Nada más que una mancha trepada sobre el sofá me entretiene tanto. Se me hace cuesta arriba reintegrarme al ocio definitivo, al ocio asegurado, quizá haya después muchos días como éste, y piense entonces en este apuro, en esta impaciencia como un ridículo agotamiento. Quizá sólo quizá. Pero este Mientras Tanto tiene el alivio de pureza armónica entre mi afición y mi desencanto, como la semilla la entelequia del árbol: el vagabundeo la entelequia del Poeta Mal Hablado.
Esta licencia ha sido un buen aperitivo de mi cansancio, de volver a entender las notas musicales de un timbre que hacía mucho dejaron de ser parte de un despertador tardío.
El correo recibió hoy un mensaje de la que es y fue, mi jefa de área. El párrafo que me decía, dice así: «¿Cómo es que el obsesivo-compulsivo se asfixió?» es demasiado odio junto para que suene verdadero. Al final voy a pensar que esta mujer me quiere un poco.
Se acabó la farra. Mañana otra vez al ocio. Pienso en las planillas de horarios, en los postits amarillos, en las fotocopiadoras con papel atascado, en los folders, en la voz del Titular, y el estómago se me revuelve.
3 comentarios:
Un tiempo de vida en casa, pero ¿En verdad conoces todos sus rincones? ¿Te has estacionado en cada uno de ellos?
Siempre habrá algo que nos hacen más llevaderos los días.
Abrazos.
Tania...
PD: Te recomiendo los postits que son un caracol en "colores pastel", por seguro que te aturdiran menos que el amarillo (a mi no me funciona, capaz que a ti sí)
Jejeje…. El anterior fue muy escueto, sin embargo excita curiosidad. Y en su estado de entelequia largos e interesantes días de ocio, de alguna manera todos tenemos algo de inconexos. Enhorabuena César ****
PD:No es bueno ir al cine solo...
Si el ocio es un manantial de estos textos, tómate tu tiempo. :P
Un lindo abrazo César.
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