Qué pronto se van los meses. No habría manera de escribir sobre las tres últimas semanas. Observo el espejo: pero qué chingado estoy. El cabello creció bastante después del último corte en febrero. Bueno, de la barba mejor ni hablo.
A veces sucedía que cuando tenía cosas en qué pensar y trabajo qué dilucidar, iba y me sentaba en las bancas del parque cual nombre nunca pude aprenderme. Atravesaba la plancha de patinaje para unirme a la ciclopista y caminar en ella. Cuando llegaba al pequeño lago observaba los patos sumergirse y salir del agua para alimentarse de migajas que habían arrojado el día anterior. Le daba la vuelta y me sentaba en las primeras bancas que encontraba con tres cigarros en mano y una lista de podcast en el ipod para escuchar mientras pensaba (o pretendía). Cuando encendía el primer cigarro (a eso de las nueve de la mañana) una gran fila de personas corrían sobre la pista de bicicletas y me observaban. Tan raro era para mí verlos correr como para ellos verme sentado. Así sucedió un par de meses, incluso mi cumpleaños decimoctavo decidí pasarlo ahí hasta medio día cuando comenzaron a llegar las alertas al celular y llamadas que nunca contesté. Y bien, ahora que no siento ni el más mínimo complejo de esa locura, me atrevo a pensar que por más raro que pareciera, las imágenes extraviadas en mi memoria son un bonito detalle de mi parte para mi otra parte que ya será en otra ocasión destino o futuro; no tendría importancia ponerle nombre ahora.
Todos los martes de enero a junio pasó exactamente lo mismo.
Hay batallas que tiene tregua desde el interior, hay otras que nunca terminan, pero aprendes a vivirlas. Si era o no un problema pequeño, por tonto que parezca, le di fin desde el inicio. ¿Entonces hubo o no victoria?
A veces sucedía que cuando tenía cosas en qué pensar y trabajo qué dilucidar, iba y me sentaba en las bancas del parque cual nombre nunca pude aprenderme. Atravesaba la plancha de patinaje para unirme a la ciclopista y caminar en ella. Cuando llegaba al pequeño lago observaba los patos sumergirse y salir del agua para alimentarse de migajas que habían arrojado el día anterior. Le daba la vuelta y me sentaba en las primeras bancas que encontraba con tres cigarros en mano y una lista de podcast en el ipod para escuchar mientras pensaba (o pretendía). Cuando encendía el primer cigarro (a eso de las nueve de la mañana) una gran fila de personas corrían sobre la pista de bicicletas y me observaban. Tan raro era para mí verlos correr como para ellos verme sentado. Así sucedió un par de meses, incluso mi cumpleaños decimoctavo decidí pasarlo ahí hasta medio día cuando comenzaron a llegar las alertas al celular y llamadas que nunca contesté. Y bien, ahora que no siento ni el más mínimo complejo de esa locura, me atrevo a pensar que por más raro que pareciera, las imágenes extraviadas en mi memoria son un bonito detalle de mi parte para mi otra parte que ya será en otra ocasión destino o futuro; no tendría importancia ponerle nombre ahora.
Todos los martes de enero a junio pasó exactamente lo mismo.
Hay batallas que tiene tregua desde el interior, hay otras que nunca terminan, pero aprendes a vivirlas. Si era o no un problema pequeño, por tonto que parezca, le di fin desde el inicio. ¿Entonces hubo o no victoria?
Volviendo al recuento de las últimas tres semanas, me encuentro con una lista de exquisitas patologías o síntomas (Cuadros, como sea que le llamen los médicos):
-Nausea repentina y tos.
-Lesión por agente contundente en la pierna derecha.
-Fatiga crónica (¿eso existe?, bueno como sea es un síntoma)
-Pérdida de la concentración (pff… eso lo sufrí desde que nací)
Como el parque ahora es parcialmente distante de donde me encuentro, me pasé dos días buscando un lugar igual de placentero para volver a sentarme un par de minutos a pensar y a altercar sobre lo que estaba sucediendo. No tenía que ver con los síntomas, era una especie de reflejo a los días que venía consumiendo desde que me informaron: “En tres semanas terminas la universidad”
A ver a ver… ¿y es ahora cuando debo alarmarme o alegrarme? En una hora entendía que no se trataba de una felicitación sino una advertencia. Demonios, y ahora qué. Bueno, lo que sucedió después fue un cliché.
Tuve la oportunidad de conocer a varias personas en mi cambio de turno y sufrir la tensión a su lado, compartirla y terminando aquello hasta reírnos de lo que había sucedido.
Encontré un lugar igual de placentero que aquel parque al que no visito desde hace dos años. Se llama L´Barranca pero nada tiene que ver con patos y agua, más bien se trata de algo similar a La Cúspide donde se contempla desde sus ventanas la mitad de la urbe y te sientes cerca del Jardín del Edén. Ahí, pasé la mitad del sábado con un playlist que había olvidado en los rincones del disco duro, y en compañía de la vos argentina de ECDQEMSD tomé uno a uno los cabos para volver a unirlos de la mejor manera que pude encontrar.
Yebra Mosqueda entendió que si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material para infringirlas.
-Nausea repentina y tos.
-Lesión por agente contundente en la pierna derecha.
-Fatiga crónica (¿eso existe?, bueno como sea es un síntoma)
-Pérdida de la concentración (pff… eso lo sufrí desde que nací)
Como el parque ahora es parcialmente distante de donde me encuentro, me pasé dos días buscando un lugar igual de placentero para volver a sentarme un par de minutos a pensar y a altercar sobre lo que estaba sucediendo. No tenía que ver con los síntomas, era una especie de reflejo a los días que venía consumiendo desde que me informaron: “En tres semanas terminas la universidad”
A ver a ver… ¿y es ahora cuando debo alarmarme o alegrarme? En una hora entendía que no se trataba de una felicitación sino una advertencia. Demonios, y ahora qué. Bueno, lo que sucedió después fue un cliché.
Tuve la oportunidad de conocer a varias personas en mi cambio de turno y sufrir la tensión a su lado, compartirla y terminando aquello hasta reírnos de lo que había sucedido.
Encontré un lugar igual de placentero que aquel parque al que no visito desde hace dos años. Se llama L´Barranca pero nada tiene que ver con patos y agua, más bien se trata de algo similar a La Cúspide donde se contempla desde sus ventanas la mitad de la urbe y te sientes cerca del Jardín del Edén. Ahí, pasé la mitad del sábado con un playlist que había olvidado en los rincones del disco duro, y en compañía de la vos argentina de ECDQEMSD tomé uno a uno los cabos para volver a unirlos de la mejor manera que pude encontrar.
Yebra Mosqueda entendió que si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material para infringirlas.
1 comentario:
jajja excelente excelente cesar
yo te voy siguiendo
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