
He vivido toda mi existencia en la misma casa, al menos la que puedo recordar. Dicen que al momento de mi nacimiento vivíamos en otro lado donde abundaban las escaleras, lo cual no era lo ideal para una bebé que disfrutaba de su limitada libertad atada a una andadera. Fue en una de esas aventuras de movimiento cuando dicen que me encontraron metros atrás y con la espalda al piso, el diagnóstico fue "bebé de un año con brazo izquierdo roto", la verdad es que no lo recuerdo y nadie quiere recordar quien dejó la puerta abierta, entonces no tiene caso preguntarlo. Al poco tiempo empacaron y llegamos a esta, tu casa, mi casa.
No es gran cosa pero creo es más que suficiente, la zona se ha ido urbanizando de manera ilimitada; recuerdo los campos baldíos, el pasto llegaba a mi rodilla, que en ese entonces no ha de haber estado tan alejada del suelo. Ahora esos campos baldíos son edificios de ocho pisos o condominios horizontales protegidos por una muralla. Me parece recordar lo que dicen mis padres al respecto de la zona norte de la ciudad: "todo era campo", me place pensar que recuerdo la versión beta de ese campo.
Debido a que comencé a usar mi memoria ya estando aquí instalada, te puedo contar de vecinos que se han ido, los que han llegado y los que he visto crecer pero,ninguno que haya crecido conmigo; no disfruté del infantil placer de tener amigos en mi colonia, todos eran mayores o los he visto nacer. Mi habitación se ha vuelto con el tiempo mi pequeño santuario, se idolatra todo tipo de expresión, las artísticas y las no tan artísticas. Las reglas se doblan estando dentro pero siempre bajo estricta supervisión de la eterna soberana, mi punto de vista reina y aunque no siempre sea el correcto, me permito considerar mis errores como más muestras del bello fenómeno denominado "el error humano".
A falta de una vista hacia la calle, fui dotada con una ventana que mira hacia el otro lado, de alguna manera la palabra -atrás- no me parece correcta; es por eso que no puedo platicarte de los vecinos de mi calle tan personalmente como lo puedo hacer de los vecinos que viven a espaldas de mi casa. Recuerdo de niña escuchar canciones de cuna bastante tétricas como para transcribirlas y también las batallas encendidas acerca de la madre de alguien, pláticas que se iban dando a pedazos. Apenas estoy comenzando a conocerlos mejor, la única interacción que hemos tenido ha sido bastante desalentadora pero interesante: Me encontraba sin llaves en la calle e Irene, la amable vecina de al lado me prestó su escalera y la parte trasera de su casa. Cruzar su hogar me recuerda bastante a la vieja Inglaterra del siglo XIX, la que estaba enterrada en una densa neblina, aunque este caso particular se debe al humo del cigarro. Al poner la escalera contra mi casa y treparla, salió por la ventana de la casa anterior a la mía una señora, cuando me vio en un lugar inusual y tan cerca de su ventana comenzó a gritarme improperios que Irene respondió con otros peores, yo terminé de trepar tan pronto como pude y observé a las dos señoras de bastante edad peleando como adolescentes sin razón alguna. Este incidente ya tiene años de haber ocurrido y debido a eso, jamás salgo de casa sin llaves.
Ahora que la necesidad o el placer me permite estar despierta hasta altas horas de la madrugada he ido descubriendo más detalles sobre la sra. de atrás y el que puedo asumir es su hermano. Durante el día no dan señal de vida, sólo aparece de vez en cuando colgado en la ventana un tapete de baño amarillo con forma de huella. Las actividades comienzan en la noche, lo cual más allá que ser un detalle vampírico, es una rareza más de su forma de vida.
La luz se enciende a las 10:30 pm y debido a que en mi casa todo se calla a hora temprana, el sonido viaja libremente por mi ventana abierta; el ruido de la maquinaria comienza poco después de que se encienden las luces, todo comienza con la lavadora que comienza a soltar agua, después la licuadora prepara la comida. El sr. se mete a bañar mientras la sra. hace llamadas telefónicas. Es importante mencionar que sin exageración alguna me apego a la limitada visibilidad que me permite mi ventana y a mi completa sinceridad. A la media noche el sr. ve la tele mientras su hermana limpia la casa. Pocos minutos después comienzan su interacción, gritos inigualables y crueles, parecen llenos de odio, se recriminan errores pasados y amenazan desplantes paranoicos. Se tranquilizan por un momento sólo para iniciar otra vez, los insultos y los remedos se completan con risas burlonas. Unas veces gana él, otras ella. Puedo decir que temía por su bienestar, la de cualquiera de ellos, presentía que en cualquier momento iba a escuchar golpes o un disparo seguido de el inigualable sonido de la caída en seco de un cuerpo.. pero ya no, desde que algunos sábados en la mañana se llena el aire de mi habitación con un penetrante aroma a mariguana viniendo de su jardín trasero, me siento más tranquila. Creo que tristemente alguno de ellos padece de alguna enfermedad que afecta su comportamiento o, quien sabe, utilizan la droga de manera recreativa para limar asperezas.
Realmente no queda nada claro, el fragmento que yo veo de su hogar es mínimo pero lleno de detalles interesantes. Tal vez sean fotosensibles y por eso viven de noche, tal vez el sr. se encuentra detrás de su ventana escribiendo acerca de la extraña chica que vive del otro lado de su ventana, no sé. Si ahora te asomaras a su jardín trasero, verías dos plantas de cannabis preciosas, como si fueran casi por error. Son mis vecinos y son interesantes.
1 comentario:
Es infínitamente mejor contemplar plantas que un trío de hermanas caminar sobre una barda.
Recibe un fuerte abrazo, paso de rápido y parece ser esta semana la apropiada, estamos en contacto vale...
Saludos.
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