«Una mañana aparece flotando en el retrete, como una medusa muerta, un condón usado.Te levantas a mear y allí, en la taza del váter, aparece el condón contra un fondo de pinturas rupestres hechas con orina. Te preguntas: ¿En qué piensa el esperma?…»
Das vuelta al sistema satelital, una tras otra hasta llegar al mismo video musical. Envainado en la silla calas un cigarro, está húmedo pero lo aceptas. Nunca te han gustado las boquillas húmedas; pero: ¡bhaa! hoy, qué más da. Te viene igual morir adentro o afuera, sabes que morirás. Te encojes de hombros y buscas el baño, te sientes pegajosos, asqueroso, quieres limpiar el semen que despeñó en la sala. Encuentras a Zarza todavía con las piernas abiertas y las manos reposando en el suelo, a su lado dos botellas de whisky vacías y un par de jeringas escaldadas; a pesar de todo esto, sonríes.
Toda la noche soñaste que estabas follándote a Marla, a Marla Astilleros mientras fumaba un cigarrillo, a Marla Astilleros mientras entornaba los ojos. Esa mujer que te dejó atormentado.
Con la llegada de Zarza a tu apartamento las cosas cambiaron: todo a la mano, ella lo hace todo, ella te quiere, se siente bien contigo y le aterras; lo sabes, tú no tienes miedo. Cuando adelgazaste, cuando las manchas rojinegras -en tus brazos, en tu pecho, en todo tu cuerpo- florecieron y el cabello se te venía abajo con cada agarrón, supiste que Marla había arruinado tu vida.
Encontraste a Zarza en la misma clínica, ¡Puta!, pensaste, y echaste a reír. Dos muertos se acompañan, uno verá sufrir al otro, es la ruleta vivencial; pero el uno otro sufrirá menos. ¿Juegas?, le preguntaste, Zarza alzó las cejas. Aceptó. Las llevaste a tu apartamento, mientras le mostrabas cada lugar ella te relataba su desgracia y el infortunio. La única impresión te hizo recordar a Justina del Marqués de Sade. ¡Carapijo!, al menos no fue por tu cuenta, por tu voluntad, qué desgraciados, le dijiste. Zarza soltó a llorar como una niña perdida, perdida en cada rincón de su ser, de su pasado. Bien, ya sabes qué sí y qué no, todo es tuyo, pero sabes que antes fue mío y por eso me corresponde, pero puedes tomarlos. Dormiremos juntos, sólo hay una cama, tú cocinas y yo traigo lo que pueda; mientras morimos. Zarza estuvo conforme. Ella te pregunta si eres infectado acérrimo. ¡Qué demonios!, yo de eso no sé, no entiendo, pero después de dos E.L.I.S.A: ambos resultaron positivos, contestaste. Zarza se ha hecho exactamente el mismo número de pruebas.
Ayer comieron disgustados lo que cocinó Zarza, una porquería que más bien parecía una versatilidad de tenedores con masas. Miras su rostro de Zarza en la cocina, los pómulos hinchados y la piel delgada. Arribas sus labios secos con los dedos y le dices que es bonita. No te cree, así que la besas abalanzándote sobre ella, pasando por la mesa la tomas de la nuca y la tocas. Realmente sientes la sangre de sus labios disiparse por tu lengua. Sacaron unas jeringas y se las clavaron en toda la espalda y las quemaban junto con berdte´s, se las inyectaban. Sin más, la poseíste una y otra vez hasta cansarse. Ella se quedó en el suelo, tú pasaste la noche en algún lugar que seguro no recuerdas.
Y sí, Zarza sigue con las piernas abiertas y las manos reposando en el suelo, a su lado dos botellas de whisky vacías y un par de jeringas escaldadas. Ha pasado la tarde, te acercas a ella y no responde. Está muerta. La dejas así, no la mueves.
Ya es hora, el despertador sonó cinco minutos, tienes una mala historia.
3 comentarios:
Wooow!!!
Impactante historia….. sabes lo que escribiste….. wooow!!! Impresionante … buena historia.
Es un placer volverlo a leer, enhorabuena César.
PD:Sólo una duda ¿los espermas piensan?
Jajaja... ¡muy buena velocidad! Es una buena historia, ni tan escatológica ni tan marcada por el destino, hecha paso a paso sin saber el siguiente.
Pobre de zarza no me extraña jiji
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