
No disfruto mucho salir a antros, creo que es innecesariamente caro. Termina siendo divertido pero jamás será mi primera opción para salir a bailar, aunque para ese fin no encuentro más alternativas; anoche terminé yendo con varios amigos, de aquellos que realmente estimo. De entre todos, iban otras tres amigas y bueno, creo prudente decir que no soy ni me siento una persona atractiva y menos al lado de mi amiga B. Somos muy cercanas, nos queremos mucho aunque nos veamos poco, ella es intensa e intrigante, el tipo de personas que al salir de noche se le facilita conocer gente, todo lo contrario a mi.
Al punto.
Somos vecinos de "mesa" con un grupo de 6 ó 7 hombres considerados mayores, aquellos que se resisten a salir de los treintas. Había uno entre ellos que no le invitaba copas a las señoritas que pasaban de frente, que revisaba constantemente el celular (me imaginaba que para avisarle a su esposa que la reunión iba a tomar más tiempo del esperado) y que sólo se emocionaba con canciones rockeras del siglo XX, aunque después cantara música actual que desconozco. Caigo perversamente en el cliché de encontrar atractivos a las personas mayores, aunque ninguna experiencia me indiqué el porqué, fue entonces que quise identificarme con él. B decidió que también era atractivo, lo cual más o menos significaba "suerte para la vencedora"; luego luego me sabía perdida en un encuentro en el que no soy suficiente rival, como mencioné arriba, B es todo lo que no soy y le envidio un poco al respecto pero, no sé, algo me hizo reaccionar y acercarme, creo que si me sabía perdida, no había gran miedo o temor.
Mi inexperiencia en estos actos es total, jamás lo había hecho así que imaginé a las gacelas de National Geographic, atención desviada, no mostrar interés, todo eso que ahora que lo pienso se acopla mágicamente a los humanos. Él estaba sentado en una barda al lado del sillón donde nosotros habíamos dejado nuestras cosas, fui a sacar de mi bolsa un cigarro cuando se agacha a mi lado:
–Si prendes eso, perderías todo lo sexy que eres.
... ¿es una línea? ¿Existe una respuesta correcta? Momento, recuerda Ale, sexy no es lo tuyo... Bien pude sonreír, prenderlo y alejarme, lo pensé por unos segundos y una voz interior me hizo saber que ya estaba adentro, que si quería podía jugar su juego y ver a dónde acaba.
–Pero me gusta, le respondí.
No se me ocurrió otra cosa, ¿debería de alegar o de hacerle caso a la primera? ¿qué se hace en esos momentos? Me repitió más o menos lo mismo y bueno, guardé los cigarros y le pregunté ¿ahora qué? Me extendió la mano para ayudarme a subir a la barda donde estaba sentado. Creo que las primeras frases son estándares para este tipo de situaciones, me dijo que podría ser mi padre y bueno, sólo si se hubiera portado muy mal a sus 16 años. Sentada a su lado y con su mano en mi cintura, comenzamos una plática que hubiera querido guardar para la posteridad.
J.G. es un hombre que a sus 38 años de edad trabaja en algo que no le gusta y está intentando hacer algo para cambiarlo. Me platicó de dos chicas que habían llegado a su mesa con un discurso más o menos así: estoy aquí contigo (como favor) así que invítanos un trago. Hablamos de las edades, tradiciones, intenciones, diferencias y semejanzas. Debido al ruido, teníamos que hablarnos a la oreja, zona sinceramente erógena para mí. Comentamos que preferíamos otros lugares donde se pudiera platicar de manera más cómoda y a lo que nos dedicábamos. Después platicamos acerca de lo que nos enseñaron nuestros padres, le dije que al parecer, sus padres y mis padres no eran muy diferentes, los míos ya son algo viejos comparados con los de mis conocidos, entonces sus padres y los míos son como de la misma tirada, pero que de alguna manera, entre él y yo existía una enorme diferencia. A nuestros padres les tocó el mismo tiempo y época, una que reinó por décadas, pero ahora ya no, cada año cuenta y son universos apartes.
Cuando ahondamos en el tema, decididamente me dijo que tirara a la basura todo lo que mis padres me habían enseñado, que aprendiera lo propio a mi manera, que olvidara todo lo que me ha encarrilado a ser como soy, pues es un acondicionamiento del que pocos puedes escapar. Lo pensé por un momento y le dije que creo que me habían tocado buenos padres, el ejemplo que se utilizó fue la educación, el ejemplo más burdo con el que comentamos fue: no interrumpir cuando la gente habla (algo bastante importante para mí). Me dijo que no, que fuera totalmente impulsiva, algo que no soy y siempre he deseado ser. También me dijo el típico -nadie nace sabiendo ser padres- a lo cual le dije: nadie nace sabiendo ser hijo, una cosa es que necesites dirección y ayuda en la vida y la otra que nazcas con la capacidad innata de obedecer.
–Tengo tres hijos, una niña dos cuates. (Demonios, sí es casado... un pensamiento para la posteridad.)
Creo que dentro de su cruzada espiritual, quiso dejarme con conocimientos básicos para la vida, particularmente los suyos. Me dijo que no quería que mañana despertara yo con la idea de que platiqué con un ruco que hablaba mucho, le contesté que yo no quería que al día siguiente despertara con la idea de haber perdido su tiempo con una niña que sólo le seguía la corriente.
Hablamos bastante y la atracción pasó a ser cuestión de segundo plano, creo que hay mucho que pensar al respecto. Me he aventado a ser como soy para no de repente tener 38 años y dedicarme a algo que no me guste, aunque no se ve una gran gama de escapatorias. J.G. logró que recapacitara acerca de las maneras de hacer las cosas, consiguió lo que esperaba con su plática, creo que quería dejar un poco de él en mí, no sé si yo conseguí lo mismo. No sabe que me costó mucho acercarme, que no hago eso ni planeo acostumbrarme a hacerlo. Tal vez es su rutina y gusta de platicar con mujeres menores que lleguen a considerarlo un mesías, no lo sé. espero no.
Último dato, uno en el que sigo divagando acerca de si estuvo bien o mal, pero del que he decidido no arrepentirme: Ya se iban, le agradecí por la bebida que me había ofrecido y me preguntó mi nombre, le pregunté el suyo y me dijo que había sido todo un gusto y un honor. Luego, no lo medité ni un segundo, le dije que quería practicar eso de hacer cosas impulsivas y olvidar lo que mis padres me enseñaron, quería darle un beso. Me sonrió de una manera extraña, como si hubiera pedido un dulce, se inclinó y me besó por un largo momento. No puedo negar que lo disfruté, de nuevo, el cliché me a vencido. Después me dio un beso paternalmente en la frente y se fue. Sé que si yo estuviera casada no sería justo, sé que no fue correcto, sé todo eso... todavía no puedo terminar esta frase, supongo olvidé fácilmente lo que me han enseñado acerca de ser alguien correcto.
Esto fue una experiencia más, algo que me indica que todavía no me conozco o que no me veo totalmente. No tenemos instrucciones para reaccionar en momentos nuevos, somos realmente libres de actuar y no todos tenemos la consciencia de que podemos afectar a terceros. Algo que J.G. me dijo es que no dudara en ningún segundo que cada uno de nosotros tiene algo único, cada humano cuenta. Pasamos estafetas que no sabemos si son necesarias, también somos obsoletos, somos interesantes. Este es un mundo interesante.
5 comentarios:
38 años es joven tenés suerte :P
-Hay que matar al padre-, lo dejas bien escrito.
Eso que cuentas es un benefico impulso.
Merci.
uno nunca termina de conocerse, pero qué mejor que ir un paso más alla... o uno a la derecha o uno en diagonal, un paso más del que normalmente darías :) sólo así uno va haciendo su propio camino
Sino te atreves, nunca sabrás lo que se siente!!! y la vida en toda su magnitud es interesante.
Buen relato...
Enhorabuena Alejandra
Ale!!!!!!!!! me encanto el relato siento que sacaste los puntos importantes de lo q aprendiste en una noche.
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