viernes, 15 de mayo de 2009

Una Pieza de Viernes

Digamos que Mabe no posaba unas nalgas que movieran el asfalto o un cabello de cristal como siempre anhelé, pero tenía cliché y se le venía el mundo en cada pujido. Tenía más experiencia que vida y eso fue un buen juego para nosotros. De hecho, nos tomó a ambos todo un día reparar las zonas exquisitas de la piel; sus lunares-mis calvicie.

Resultó evidente que el viaje que haría Mabe a Coachella terminaría conmigo y con mi «súper yo», y aún así, me caló casi pólvora en la sien; como si no lo supiera desde un principio.

De vez en vez se mordía las uñas sintiéndose miserable y culpable, pero nunca conmigo; se arrancaba la piel seca de los dedos y mantenía la mentira hasta dejarla caer en picada. Frente a sus amigos siempre fui «su compañero», ante compañeros «un amigo», y para ella «una locura». Tenía talento de ángel en hacer la vida; a decir verdad, cada día tenía más frescura y gracia, así que nunca encendí en reproches. En ningún tiempo conocí de ella alguna de tantas fobias que eran parte de mis códigos de vida. Impulsos tuvo muchos y el último que nos apolilló, fue Coachella.

Comenzábamos el día resarciendo y reformando fotogramas enormes, y una vez terminados, los pegábamos en un muro de su apartamento. Después de tres líneas de clorhidrato -en cada mano- llevábamos las sillas de mimbre a la terraza y desde el cuarto piso del edificio escuchábamos a Royer Waters en colmada efervescencia. Murmurábamos porque nunca queríamos fragmentar voces en aquel transalmático y holocausto panorama. La pena hubo, cuando en el intervalo de todas esas operaciones diurnas, recogí de un libro grueso hojas amarillas y manchadas de tinta, lo empecé a leer, pero mi cabeza estaba demasiada alterada por el tabaco para soportar la lectura, al menos entonces; pero, al escrutar las hojas sobre una página al azar, brotó un pasaporte a Indio, California. A la sazón surgió distinto de todas aquellas fojas. No quise comentar nada, la ofrenda de licores y ceniceros no terminaba. Esa misma noche me impuse no alegar, sus piernas yacían en mi torso el mejor sexo en tres meses, desde el revolcón que tuvimos en la presentación de The Haerds Of Love en el Lobby de Tamasopo.

Mabe siempre fue sincera conmigo, nunca alarmé en eso, y cuando terminaba acostándose con Roberto -su pasada pareja-, un puñado de vergüenza y lloriqueos la aquejaban. Me decía que el primer amor siempre es una mierda, pero hasta las mejores heces se secaban con el tiempo; lo tomé como promesa dos veces, luego fue un consuelo. Yo por el contrario, nunca le narré mi historia, lo que me sacudía y lo que poco a poco me astillaba el pecho. Siempre fui callado con ella, únicamente la atendía, la escuchaba y elegía bien en admirar su hábito y sus días, que para mi fueron como novelas rusas, sin purgatorios. Algo me mantuvo cerca de ella, no eran sus senos newyorkinos, ni sus piezas y aclaraciones en esos fotogramas, no era su posición social y artística, mucho menos su esencia de hembruela moderna. Ahora sé que lo que me mantuvo cerca no fue amor, aunque sus paraísos artificiales en la sala me entrañaban entornos biosicomaternales. Alejado de eso, me sostenía como vidaescucha de sus etapas maduras.

De mañana decía: «Mabe» y significaba «Hagamos el amor.» (Había un «Mabe» que era reproche, otro que era aviso, otro más que era disculpa.) Pero ella lo malentendía como olas oscuras; golpea y soba. Cuando pronunciaba el «Mabe» que significaba «Dos horas más», ella muy ufana contestaba: «¿Te parece que me voy ahora? ¡Es tan temprano!» Oh, los viejos tiempos en que Mabe era sólo un apellido, el apellido de la nueva añoranza. Entonces sí, como se trataba de algo más que rutina, mis dos mitades debían trabajar para lo mismo, ya no podía pensar en lo que quería. Es cierto, la fatiga se me instalaba en la espalda y en la nuca, como un parche poroso; lo estaba agrandando. Pero es honestidad no es mojigatería, no es afectación, no es pretender que sólo apuntaba al alma con un revolver de Cont. Es pureza, y esa pureza es querer cada centímetro de su piel, es aspirar su embriaguez, poro a poro; recorrer su exilio. Ella dictaminaba, me escuchaba porque no le queda otra cosa qué hacer. Yo jugaba con sus lunares. La mejor escena era cuando se decidía a gatas, y aún así le venía en gana frotarme el cierre. En la desnudez los cuerpos temblaban en matices que terminaban por distinguirnos: piel clara y dorada por una rancia y arrugada. Todas las tardes poníamos a Gone In 60 Seconds a todo volumen, decía que con esa música los pezones le brotaban solos. La última vez bebimos café rociado de güisqui, encendimos varios cigarros de garage en la terraza y, después sí, inhalábamos sobre billetes azules, mismos que comprábamos a muy buen precio con la Burshe. A las tres de la mañana ya tenía el revolver sobre la nuca «el peso de la memoria».

Mabe desde hace dos años tomó el vuelo a California a encontrar su vivencia efectiva y real con instrumento en mano; y como sus fotogramas en la carcomida pared, nunca se movieron de ahí.

Así resultó que yo fui una hoja en blanco, un completo desconocido de una vida que ha decidido dejar morir, una probabilidad de sus piezas nada más. Anoche recibí su llamada, la primera desde el norte, y satisfecha me ha dicho que decide festejar su cumpleaños en actual soledad. 34 años me ha dicho. Un golpe bajo, evidentemente. Me sentí como desnudo, con esa desesperada incuria de los sueños. Cuando uno se pasea con alguien, diez o trece años mayor, la gente lo festeja de vereda a vereda, y aún en el infortunio, lo que queda decir es nada.

A Jessica, por ponerle nombre a las muñecas.

4 comentarios:

caro dijo...

wooowww tentador me gusto esta historia , gone? cariños Caro.
gracias por compartir, me ha gustado. Lo anoto. Vi.

Anónimo dijo...

WoooW! César enhorabuena. Me gusto, realmente es un placer leerte. Gracias

Israel Honaya dijo...

¿Te das cuenta de lo que has escrito?, un revuelto de pensamientos que llegan.
Saludos César.

satelyte de Escribeya dijo...

fue muy genial, yo no se si sos pelotudo y tenés suerte o te das cuenta de la profundidad de esa cosa de arriba, pero fue muy excelente (muy excelente). nos leemos che,