miércoles, 24 de noviembre de 2010

El polvo sigue adentro.

Samara me regala un libro de Cioran y decido dejarlo virgen.
Cioran inspira, dice.
Aquel viejo loco insistente en la muerte, irreprimible y depresivo; cuánta fortuna encontró en él, en su estado obsesivo con el que no aprendo a vivir. Pero Cioran regresó a mí en ese momento que me acerqué a Samara para darle cariño, para hacerle saber que ella y yo valíamos exactamente lo mismo:
“…ignoro totalmente por qué hay que hacer algo en esta vida, por qué debemos tener amigos y aspiraciones, esperanzas y sueños…”.
Es difícil alelarse.
Samara es de esas mujeres que soportan mi mal comportamiento. Reúne conchitas de mar en una caja de cartón y las coloca por tamaños y colores. Tiene colecciones completas en varias cajas, de Cozumel a Escollos Alijos. Samara no es linda, es melancólica. Su apartamento está lleno de mantas, pinceles, pintura pasta y varios recipientes. Me gusta que piense como pintora, que viva como artista; así son sus pasiones, discretas y exquisitas, como las pinturas.
Dice que he perdido el ánimo, que me estoy perdiendo, que no soporta verme disipado en los rincones de este camino.
No consigo nada, como antes. Samara me alaga uno que otro triunfo. Cuando vi el cuadro me puse a tocarlo como un chiquillo. Samara quitó el cuadro de la escalera y lo guardó.
Duermo pegado a la sábana como el sudor al poliéster. Me inscribí a la membrecía de sueños sin resolver de la que soy miembro activo desde hace unos años. Observo a personas perdidas con el ceño fraguado del que me siento parte al responder con sonrisas y gestos.
Mañana inventaré otra escusa para no despertar con prisa, para no hablar con prisa. Quizá mañana le diga a Samara que su aroma me tiene alérgico, que el teclado de su Mac es insoportable y que nunca me ha gustado la taza de café que me obsequió, pero la guardo en la oficina con la esperanza de que mañana se rompa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"A medida que perdemos la memoria los elogios que se nos han prodigado se borran, contrariamente a los reproches. Y ello es justo: los primeros raramente se merecen, mientras que los segundos nos revelan aspectos de nosotros mismos que ignorábamos".
E.M. Cioran

Anónimo dijo...

Compleja es la filosofía de E. m. Cioran ¡¡¡!!!

Cuando el hombre empieza a perder la memoria, comienza a morir y de nada sirven los elogios y los reproches.

Quizás mañana consigas la quietud del bosque y el ardor del sol y sólo entonces... tuyo es el control. Y aunque hoy eres patético, todo un hombre se haré de ti y serás el mejor para mí

Enhorabuena César

Anónimo dijo...

mmm... ahora no supiste que era yo =( jajaja... no importa el libro de Cioran sigue aquí y yo sin entregártelo, desde entonces solo escribo las frases... pero aun no logras adivinar que era otra vez yo, no lo supiste desde el primer momento
C
É
S
A
R
Escríbeme... se me antoja algo de tu alacena, y bueno quizá me quede a dormir cuando vaya de visita.