-¿Qué hizo?
-Vino disque a matar a un cabrón. Se puso como loco, lanzó las sillas y echó de balazos al techo. Le dije que no volviera.
-¿Y a quién buscaba?
-Eso sí no me dijo, tampoco le pregunté, mucho tenía ya con su alboroto.
Tomé el jarro de cerveza y lo bebí pronto para darme valor. Se me estrujó el pecho y carraspeé escupiendo un poco de saliva al suelo.
"Jacinta", mi 38” repleta de pólvora estaba inquieta y deseosa. Ya merito, ya merito -le decía- ese cabrón nos va a implorar.
-¿Y tú pá qué lo quieres, Cortés?
-Me debe unos favorcitos, queremos hablar con él ¿verdad?...- y mientras acariciaba el cuero que cubría la pistola me daba más tragos de cerveza.
El cantinero comenzó a reírse de la broma, después se puso serio como las esculturas y me advirtió:
-Cortés, no seas pendejo. Si hacen sus desmadres, háganlos allá afuera, ¿está bueno?
- Tú no te preocupes, que aquí Jacintita y yo nos ponemos de acuerdo con Pepe.
Pedí otra cerveza. Revisé de nuevo cada estancia. No estaba. Eso hizo que mi rabia acrecentara, no estaba seguro de encontrarlo, pero ahí tenía que llegar tarde o temprano. Sabía que ahí llegaría y no me movería hasta verlo.
Le hicieron llegar el rumor de que lo andaba buscando. Tenía que llegar. Me tomé la barba y jugué con ella, con la mirada fija en la puerta. Me acomodé el sombrero de punta, encendí el último cigarro de la caja y permanecí en acecho. Que no me viera de pronto sentado en la barra indefenso, esperándolo. Pedí la tercera ronda, un jarrón, lo apretaba con fuerza evacuando mi cólera. Bebí rápido y las esperanzas seguían puestas en él: al encuentro de esa mirada de acero, en el lunar que escondía bajo la barba y en la irreprimible forma de armarse, la pistola a la izquierda, antigua y maltratada.
Ya había visto mucho de él, lo conocía bastante y sabía que le gustaban las cosas rápidas, sin rodeos. Y si así quería su muerte, así iba a ser.
-Vino disque a matar a un cabrón. Se puso como loco, lanzó las sillas y echó de balazos al techo. Le dije que no volviera.
-¿Y a quién buscaba?
-Eso sí no me dijo, tampoco le pregunté, mucho tenía ya con su alboroto.
Tomé el jarro de cerveza y lo bebí pronto para darme valor. Se me estrujó el pecho y carraspeé escupiendo un poco de saliva al suelo.
"Jacinta", mi 38” repleta de pólvora estaba inquieta y deseosa. Ya merito, ya merito -le decía- ese cabrón nos va a implorar.
-¿Y tú pá qué lo quieres, Cortés?
-Me debe unos favorcitos, queremos hablar con él ¿verdad?...- y mientras acariciaba el cuero que cubría la pistola me daba más tragos de cerveza.
El cantinero comenzó a reírse de la broma, después se puso serio como las esculturas y me advirtió:
-Cortés, no seas pendejo. Si hacen sus desmadres, háganlos allá afuera, ¿está bueno?
- Tú no te preocupes, que aquí Jacintita y yo nos ponemos de acuerdo con Pepe.
Pedí otra cerveza. Revisé de nuevo cada estancia. No estaba. Eso hizo que mi rabia acrecentara, no estaba seguro de encontrarlo, pero ahí tenía que llegar tarde o temprano. Sabía que ahí llegaría y no me movería hasta verlo.
Le hicieron llegar el rumor de que lo andaba buscando. Tenía que llegar. Me tomé la barba y jugué con ella, con la mirada fija en la puerta. Me acomodé el sombrero de punta, encendí el último cigarro de la caja y permanecí en acecho. Que no me viera de pronto sentado en la barra indefenso, esperándolo. Pedí la tercera ronda, un jarrón, lo apretaba con fuerza evacuando mi cólera. Bebí rápido y las esperanzas seguían puestas en él: al encuentro de esa mirada de acero, en el lunar que escondía bajo la barba y en la irreprimible forma de armarse, la pistola a la izquierda, antigua y maltratada.
Ya había visto mucho de él, lo conocía bastante y sabía que le gustaban las cosas rápidas, sin rodeos. Y si así quería su muerte, así iba a ser.
...

3 comentarios:
Jacinta, me das miedo!!!!
Enhorabuena, César
Bueno pero prque estas subiendo fragmentos?
pónlos enteros :D siiii??
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