sábado, 19 de junio de 2010

El purgatorio se está haciendo un lugar atractivo.

"Nos vemos", "yo te busco", "te hablo en la semana", "paso a tu casa", "llámame mañana", "el jueves te lo tengo", son haikús que con sus diecisiete sílabas empezaron a proliferar a partir de 1957 en los labios de Monsiváis:

“En el Kiko's
a las doce
te espero
sin falta
mañana
A la cita acude
a la mitad del día
tu fantasma
Marco tu número
finges la voz
hablas como abuelita
¡Ya pinche Monsi
no te hagas buey
todos sabemos
que sos vos!
Pasan los años
agobiados
por tu huida
monsivaisiana
Quedarán tus gatos
indolentes
cómplices
de ti mismo”.

Al cabo del tiempo y después de consultar a Buda concluí que era más fácil que volviera a arder el Pabellón de Oro en Kyoto o que Yukio Mishima se hiciera de nuevo el harakiri a que Monsiváis cumpliera sus promesas y viniera a visitarme a mi casa, o en el peor de los casos, que por fin se dejara ver.

A pesar de que Monsiváis nos precipita al fondo del abismo, exactamente en el instante en que abrimos la boca para decir "ahora sí, ya no es posible, se acabó, ni un día más, es intolerable, impuntual, displicente, malediciente, que se lo lleve el diablo entre maullidos", en esa hora negra, en el vacío de la noche rencorosa, se produce el rescate. Una llamada providencial de San Simón nos recupera y el "¿cómo estás?" cálido reabre la compuerta. ¿Qué instinto lo guía? ¿Qué ángel de la guarda lo hace marcar el número? ¿Cuál es su catecismo de indio remiso? Carlos Monsiváis, ustedes lo han sufrido en carne propia, es motivo de desvelo de varias que lo amamos y lo odiamos en una misma respiración, quisiéramos pulverizarlo y exaltarlo, cobijarlo y exponerlo, asumirlo o sacarlo de nuestra vida antes de que él, desde luego, nos saque para siempre de la suya.

Hay hombres así, únicos. Carlos Monsiváis es único, para nuestra desgracia. Buscamos su aprobación y su juicio sobre nosotras resulta imprescindible. Dice Octavio Paz que Monsiváis es un cortador de cabezas: "El caso de Carlos Monsiváis me apasiona: no es ni novelista ni ensayista sino más bien cronista, pero sus extraordinarios textos en prosa, más que la disolución de estos géneros, son su conjunción. Un nuevo lenguaje aparece en Monsiváis ¿el lenguaje de un muchacho callejero de la Ciudad de México?, un muchacho inteligentísimo que ha leído todos los libros, todos los cómics, ha visto todas las películas. Monsiváis: un nuevo género literario..."

Si yo repitiera lo que dice Monsiváis, se quedaría San Simón el estilista -que no el estilita- de pie sobre un gran falo masculino -que no una columna- en la colonia San Simón, que no en el desierto. Lo único que me consuela es que Schopenhauer, Nietzsche, Jean Cocteau, André Gide y el mismo Joyce, utilizaron la misoginia, según creo, para defenderse de las lenguas viperinas y contrarrestar el poder de su veneno.

En una entrevista que le hice a Monsiváis cuando tenía veintiocho años, tuvimos el siguiente diálogo: "¿Por qué nunca hablas de mujeres? ¿Qué? ¿Por qué nunca hablas de mujeres? ¿Qué es eso? ¡Carlos, responde y deja de jugar!. ¿Por qué no hablas de mujeres? Bueno, porque soy misógino y porque no veo... ¿Qué es misógino, Carlos? El que odia a las mujeres ¿no? ¿Las odias? No, lo que te digo es que no hay mujeres importantes funcionando en México en este momento.

Odia los hospitales y no asiste a entierros salvo al de Cantinflas, acompañando a María Félix, al de Pedro Infante o al de Lola Beltrán para ver a la gente llorar y poder desternillarse de risa. Para reírse de sus maldades cuenta con el apoyo incondicional de Sergio Pitol y Luis Prieto que se le unen en un trío temible frente al que palidecen las brujas de Macbeth.

Monsi es elocuente y traduce como: "Por mi poder de precisión intelectual hablará mi calidad de vida."

La precisión se la debemos en México a Carlos Monsiváis, ese clarividente que hoy nos guía (aunque le choque ser gurú) y todavía quiere más porque declara que su gusto por el cine lo conduce directamente a otro género, el melodrama: "Quiero hacer melodrama el día entero, pero carezco de público y esa es, quizá, mi mayor limitación: una gran vocación melodramática sin espectadores. El público a mi alcance no es comprensivo ni tiene ya la formación suficiente para darse cuenta del alto nivel del melodrama a mi cargo."



Aquí estamos todos, espectadores hambrientos, dispuestos a presenciar el melodrama a su cargo y a ser no sólo su público sino su club de fans para presenciar los múltiples dones histriónicos de Monsiváis en programas triples (porque a él le gusta ver tres películas de un hilo). Debo confesarles que canta muy bien y se las sabe todas, en el aire las compone y le gana a Elvira Ríos y a Toña la Negra, a Marlene Dietrich y a Lotre Lenya, a Cuco Sánchez y a Chava Flores. Las comedias musicales de los cuarenta, desde Bridagoon hasta Annie Get Your Gun, se conservan intactas en su memoria. No hay un bolero o una ranchera que desconozca y recita completito "El brindis del bohemio". Yo lo he padecido. Vamos a darle gusto y pedirle que suba por favor a cantarnos "Amor chiquito acabado de nacer", que es lo que ahora mismo siento por él.

Elena Poniatowska.

La Jornada Semanal, suplemento de La jornada. México, enero del 2001.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si lo transcribes, es porqué te identificaste con el personaje del texto…

Excelente elección

AUCHHHH!!!

Monsiváis-César
César-Monsiváis

Cualquier parecido con su realidad, es pura cocidencia

Enhorabuena César

PD: Y sí
hay hombres así...