Gabriel sostiene el volante de su Shadow 94 olivo y le invita un cigarro al pasajero que desconfiado se sentara en el asiento trasero. El joven de corbata acepta y mira la base del tabaco: Marlboro; el cigarro en la mano le trae el recuerdo de su padre que cada noche salía a su patio a fumar la misma marca. Gabriel le pasa luego el cenicero enardecido antes de prender el suyo. Abren las ventanas y exhalan el primer jaloncillo. Los dos se hablan con respeto, más Gabriel, que no fuera la casualidad del encuentro, le recuerda a su hijo -que calculaba- tendría la misma edad. Aquel hijo que a sus veinte años partiría a EU con un grupo de indocumentados maduros. Gabriel no volvió a saber de su hijo hasta que fue deportado por el gobierno norteamericano. Viajó a Tijuana y allá murió en el desierto tras haber intentado cruzar. Ni él, ni su esposa, ni el gobierno mexicano consiguieron hallar el cuerpo en la frontera.Gabriel mira al hombre que lleva a su espalda por el retrovisor y se percata que observa el reloj impaciente con un par de gestos.
… ¿A trabajar?, pregunta Gabriel, para amenizar el tránsito.
… A buscarlo, tengo una cita.
A Gabriel le había tocado varios casos así en su reciente oficio. Despedido, sin llegar siquiera a su jubilación, a los cuarenta años había sido expulsado por su jefe que, con treinta años en el mercado mexicano, se vio obligado a cerrar su industria por un grupo de corporativos canadienses que se plantaron como plagas en la zona. Su jefe no tuvo más remedio que declarar en quiebra su negocio. Gabriel por ser trabajador de confianza, recibió su escasa indemnización y compró su auto, mismo que dos meses después, al verse rechazado por todas las empresas a causa de su edad, le puso la insignia de taxi.
El joven se abanica con el periódico que lleva en su brazo, mira por la ventana y arruga el gesto, se descuelga la corbata de un jalón al sentir el ambiente espeso y bochornoso, se talla los párpados hasta limpiar el sudor que baja de la frente sin despegar la mirada al celular.
La primera plana distingue a Slim como el magnate más rico de la tierra “Slim desplaza a Bill Gates” de la boca de aquel sale una sonrisa burlona que termina por contagiarse en el joven.
… Qué irónico… anuncia Gabriel.
… ¿Qué cosa?... el periódico.
… Pensar de más hace daño.
De algo estaba seguro el hombre, dar su opinión es un acto suicida, permitirse alargar la charla que emprendía Gabriel por una nota le hacía vulnerable a cualquier reacción, uno se reserva hasta que le pregunten lo qué piensa; y el joven se reserva aunque tuviera en la boca las palabras duras y claras para demostrar su convicción.
… Vivimos en un circo.
… ¡Bonito circo!
Después de responder a las risas, Gabriel entra en un silencio repentino perdiendo la mirada en la carretera por un spot gubernamental en la radio “Tú eres México”. La charla le hacía recordar su niñez.
Gabriel miraba la bandera en la explanada de su escuela y se le hinchaba el pecho de orgullo. Los lunes eran sus preferidos, el viejo director tras haber dirigido los honores y escuchar con la cabeza en alto las dianas y el himno nacional, suspendía la bandera al aire como a eso de las siete de la mañana. Gabriel era de los más altos de su salón y por eso siempre lo enfilaban en la cola de la línea, miraba de cerca de Lucía, la niña pálida y flaca que lo acompañaba siempre en la fila. Jugueteaba con ella y le pasaba papelitos de cuaderno. Quien era la prefecta de ese tiempo cachó a Lucía un par de veces y la castigaba limpiando el patio después de los honores. Las más bonitas de la primaria siempre portaban la boina para la escolta y se lucían frente a todos con sonrisas o guiños a la par que marchaban alrededor de la cancha. Con la mano derecha al pecho Gabriel cantaba el himno, cómo olvidarlo, si antes que otra cosa, a Gabriel le habían enseñado el himno nacional.
…al grito de guerra…
y luego se confundía, aprestad, bridón…
De todas las estrofas, dos entendía. Mucha violencia y mucha divinidad.
Una ocasión mientras preparaban carbonato de sodio y agua en los laboratorios, Gabriel le preguntó el significado de bridón a su profesora de química. Y ella muy ufana le ignoró. A la maestra de español le hizo la misma pregunta, y al día siguiente la profesora llevó a su clase un diccionario y le respondió.
¿Y qué es brío? La profesora buscó de nuevo y contestó orgullosa. Una serie de ejemplos suspendieron la clase para que Gabriel entendiera. La profesora sin bastarse, le habló de valores, de la honra y lo digno que debía sentirse como mexicano y que por ello, eso lo hacía un buen ciudadano en el futuro. En ese momento pensó que él jamás le fallaría a su patria.
Gabriel da vuelta en la próxima esquina para fluir con más rapidez y esquivar el tránsito, pero el resultado no prospera luego que una marcha de al menos quinientas personas bloquean la avenida. Gritan y pavonean las pancartas de tela, a la voz y susurros la gente furiosa pide por la impunidad en Ciudad Juárez dirigiéndose a la Secretaría de Gobernación. Gabriel mira al joven con sorpresa y se dirige a él para aumentarle la tranquilidad que se notaba iba perdiendo. El joven baja el rostro y se frota la frente con la mano, observa la hora y abre su celular cerciorándose de una llamada.
… ¿A qué hora es su cita?
… Era a las doce.
Mira Gabriel el reloj que cuelga del auto y se disculpa. Doce treinta. Y a cálculo del hombre restaban varios minutos por llegar. Un silencio envuelve a Gabriel y de no ser por el escandaloso mitin que ya se concentraba más en la avenida, alguno de los dos hubiese roto ese silencio por incómodo que pareciera. La impotencia de aquel joven trajeado hace pedirle un cigarro más, le pregunta cuánto es por el viaje. Los dos observan el velocímetro, Gabriel no contesta. De su solapa el joven saca un billete arrugado, unas monedas y se las ofrece a Gabriel estirando la mano hasta el asiento delantero.
Su vista por el retrovisor le daba a Gabriel un panorama desconsolado. Y se recuerda a sí mismo con el ánimo disuelto, con una esperanza débil de aquellos tiempos que nunca se fueron; observa unos cuantos pesos que estaban a la mira de su guantera y que había conseguido por un par de viajes que hizo la madrugada completa.
… ¿Le invito un café? Dice Gabriel para animarse.
… invítemelo.
Bajan del auto y caminan hasta el café de Garat.
Gabriel recuerda que su maestra le habló de las obligaciones que tiene como mexicano, también recuerda la promesa que se hizo para no fallarle a su patria, pero él no sabe quién le falló a quién. Una mañana no es una casualidad.
1 comentario:
¡Las cosas están cambiando!, pero nada cambia y aún así hay cambios…. Que casualidad!
¿Qué es México?..................
Es un deleite al abrir esta página y encontrarse con tan gratas anécdotas.
Enhorabuena César
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