viernes, 24 de abril de 2009

"Yo no soy escritor"

Yo no sé escribir. Yo no publico letras en las revistas. Yo no tengo editorial que me constituya. Yo no tengo libros, columnas o –si así quieres verlo– simpatía pública. Yo no hago comentarios críticos de documentales y mucho menos me dejan hasta el final de las bibliografías de los libros de la SEP. No, no tengo empresa, no tengo ensayos, no me interesa vender frases, estilos, pulir la técnica o vivir el momento para poder escribirlo, no me hace falta experiencia y peor aún no la necesito porque dentro de todo, no quiero ser escritor. No me desvela el sinónimo de alguna palabrilla nimia, no despierto exaltado creyendo encontrar el sinónimo que encaje, que no lastime ni sublime el párrafo entero. No describo lo que vivo: en el auto, en la brocheta navegadora de la alfombra, en la avenida, en las seis cañerias que arrojó Fredman, con la tropicanísima de Mabe, nada de eso me importa. En todo caso, nunca he viajado al extranjero a conocer técnicas españolas, argentinas o colombianas para consagrarme como una letra propia, ni siquiera les importo. No anhelo el domingo para que mi texto se publique en la parte más intrascendente del periódico. Me laceran cuando entre la charla, alguien de la mesa me dice “¿Y tú, a qué te dedicas?”, como si fuera una receta de presentación, como si fuera un cigarrillo entre comida. Yo sólo me limito a responder “Estudio Derecho para no ser escritor”, ríen, ríen pensando en el chiste; ríen más cuando digo luego que no es un chiste. No me importa tener veintiún años y calvicie prematura, canas en el lóbulo derecho, arribita de la oreja. Y ocurre que en su tiempo tampoco me importó comenzar a fumar y que hasta ahora, su veneno lastime las patas de gallo que debo mostrarle a mi novia cada que río. Amo la cafeína, más que a las letras, una copula con otra constantemente. Tuvo a bien decir mi profesor de Teatro que un escritor no se hace, sino nace; pero yo no estoy hecho. No soy invitado especial de la radio. No medito la poesía; no creo en los versos, en su realidad suspendida, en su ficción a medias.
Pero el vicio lo llevo en la sangre y escupo reafirmadamente la sintaxis. Y si la melodía fatiga, rezo para que el tenor duerma en la espera.

5 comentarios:

Pedro Miguel dijo...

César:

Está chingón, y te deseo lo peor: que las letras le ganen a las leyes.

r. dijo...

Mejor construye carrera en el arte de photoshopear, te sale mejor.

Karla Filloy. dijo...

Honorable sarcasmo. Buenísimo...
Ya sé que te vale madres a final de cuentas lo que yo diga pero toma en cuenta que fue un placer leer, no tanto como el segundo pero es apreciable.
:P

Israel Honaya dijo...

hiciste modificaciones quitaste la vulgaridad jajaja

César dijo...

Israel Honaya:
La vulgaridad es un adorno nada más.